miércoles, 14 de septiembre de 2011

Juan Manuel de Rosas


 
Conocido como Juan Manuel de Rosas, fue bautizado como Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas y López de Osornio. Era hijo del militar León Ortiz de Rozas y la estanciera Agustina López de Osornio. Pertenecía al linaje de los Ortiz de Rozas, que tiene origen en el pueblo de Rozas, Valle de Soba, Cantabria, España.
Ingresó a los 8 años de edad en el colegio privado que dirigía Francisco Javier Argerich, si bien desde joven demostró vocación por las actividades rurales. Interrumpió sus estudios para participar contando con trece años de edad, en la Reconquista de Buenos Aires en 1806 y posteriormente se enroló en la compañía de niños del Regimiento de Migueletes, combatiendo en la Defensa de Buenos Aires en 1807, ambos hechos durante las invasiones inglesas (1806-1807), donde fue distinguido por su valor.
Más tarde, retirado al campo, se convirtió en un gran estanciero de la Pampa bonaerense. Los escritores antirrosistas dicen que se mantuvo al margen de los sucesos revolucionarios de 1810, sin advertir que en esa época Rosas solo contaba con 17 años de edad y ningún joven de esa edad tuvo actuación en esas jornadas. En 1813, pese a la oposición materna — que venció al hacer creer a su madre que la joven estaba embarazada — se casó con Encarnación Ezcurra, con quien tuvo tres hijos: Juan, María, muerta de niña, y Manuelita, nacida en 1817, que luego sería su compañera inseparable.
Poco después, debido a un entredicho que tuvo con su madre, devolvió a sus padres los campos que administraba para formar sus propios emprendimientos ganaderos y comerciales. Además se cambió el apellido "Ortiz de Rozas" por "Rosas", cortando simbólicamente la dependencia de su familia.
Fue administrador de los campos de sus primos , Nicolás y Tomás Manuel de Anchorena, al segundo de los cuales siempre le tuvo un especial respeto y admiración, y quien ocuparía cargos importantes dentro de su gobierno. En sociedad con Luis Dorrego — hermano del coronel Manuel Dorrego — fundó un saladero; era el negocio del momento: la carne salada y los cueros eran casi la única exportación de la joven nación. Acumuló una gran fortuna como ganadero y exportador de carne vacuna, distante de los acontecimientos emergentes que conducirían al virreinato del Río de la Plata a la emancipación del dominio español en 1816.
Por esos años conoció al doctor Manuel Vicente Maza, quien se convirtió en su patrocinador legal, en especial en una causa que sus propios padres habían entablado contra él. Más tarde sería un excelente consejero político.
En 1818, por presión de los abastecedores de carne de la capital, el director Juan Martín de Pueyrredón tomó una serie de medidas en contra de los saladeros. Rápidamente, Rosas cambió de rubro: se dedicó a la producción agropecuaria en sociedad con Dorrego y los Anchorena, que también le encargaron la dirección de su estancia "Camarones", al sur del río Salado.
Al año siguiente compró la estancia "Los Cerrillos", en San Miguel del Monte. En su estancia en la Laguna de Monte organizó una compañía (aumentada al poco tiempo a regimiento) de caballería, los "Colorados del Monte", para combatir a los indígenas de la zona pampeana. Fue nombrado su comandante, y alcanzó el grado de teniente coronel.
Por esos años escribió sus famosas "Instrucciones a los mayordomos de estancias", en la que detallaba con precisión las responsabilidades de cada uno de los administradores, capataces y peones. Allí demostraba su capacidad para administrar simultáneamente varias explotaciones, con métodos muy efectivos, en un anticipo de su futura capacidad para administrar el estado provincial.
Hasta 1820 se dedicó a sus actividades privadas. Desde ese año hasta la batalla de Caseros, en 1852, consagraría su vida a la actividad política, liderando —ya en el gobierno o fuera de él— la provincia de Buenos Aires, que contaba no sólo con el territorio productivo más rico de la naciente Argentina, sino con la metrópolis más importante (la ciudad de Buenos Aires) y el puerto que concentraba el comercio exterior de las restantes provincias, así como el control de la aduana. En relación a estos recursos se desarrollaron gran parte de los conflictos institucionales y las guerras civiles del siglo XIX en la Argentina, controlados hasta la caída de Rosas por la provincia de Buenos Aires.
Luego de la batalla de Caseros, Rosas se exilió en Gran Bretaña, en una granja en las cercanías de la ciudad de Southampton.
En 1820 concluyó la etapa del Directorio con la renuncia de José Rondeau a consecuencia de la Batalla de Cepeda. Fue en esa época que Rosas comenzó a involucrarse en la política, al contribuir a rechazar la invasión del caudillo Estanislao López al frente de sus “Colorados del Monte”. Participó en la victoria de Dorrego en Pavón, pero junto a su amigo Martín Rodríguez se negó a continuar la invasión hacia Santa Fe, donde Dorrego fue derrotado completamente en la Batalla de Gamonal.
Con apoyo de Rosas y otros estancieros, fue electo gobernador su colega Martín Rodríguez. El 1ro de octubre estalló una revolución, dirigida por el coronel Manuel Pagola, que ocupó el centro de la ciudad. Rosas se puso a disposición de Rodríguez, y el día 5 inició el ataque, derrotando completamente a los rebeldes. Los cronistas de esos días recordaron la disciplina que reinaba entre los gauchos de Rosas, que fue ascendido al grado de coronel. Con Rodríguez, el grupo de los estancieros empezó a tener un papel público.
También fue parte de las negociaciones que concluyeron con el Tratado de Benegas, que ponía fin al conflicto entre las provincias de Santa Fe y Buenos Aires. Fue el responsable del cumplimiento de una de las cláusulas secretas del mismo: entregar al gobernador Estanislao López 30.000 cabezas de ganado como reparación de los daños causados por las tropas bonaerenses en su territorio. La cláusula era secreta, para no "manchar el honor" de Buenos Aires. Así se iniciaba la alianza permanente que tendría esta provincia con la de Buenos Aires hasta 1852.
Los primeros años después de la disolución de los poderes nacionales fueron un período de paz y prosperidad en Buenos Aires, principalmente debido a que Buenos Aires usufructuó en su exclusivo provecho las rentas de la Aduana, una fuente inagotable de riqueza que la provincia decidió no compartir con sus hermanas ni con ejércitos exteriores.2
Entre 1821 y 1824 compró varios campos más, especialmente la estancia que había sido del virrey Joaquín del Pino y Rozas (conocida como Estancia del Pino, en el partido de La Matanza), a la que llamó San Martín en honor del general.
También aprovechó la ley de enfiteusis promovida por el ministro Bernardino Rivadavia para aumentar sus campos. En lugar de ayudar a los pequeños hacendados, esta ley terminó dejando en propiedad de unos pocos grandes terratenientes cerca de la mitad de la superficie de la provincia.
Los desórdenes del año 20 habían dejado desguarnecida la frontera sur, por lo que habían recrudecido los malones. Martín Rodríguez dirigió entonces tres campañas al desierto, usando una extraña mezcla de diálogos de paz y genocidio. En 1823 fundó las actuales ciudades de Azul y Tandil. En casi todas estas campañas lo acompañó Rosas, que también participó de una expedición en que el agrimensor Felipe Senillosa delineó y estableció planos catastrales de los pueblos del sur de la provincia. El jefe nominal de esa campaña era el coronel Juan Lavalle.
Durante la guerra del Brasil, el presidente Rivadavia lo nombró comandante de los ejércitos de campaña a fin de mantener pacificada la frontera con la población indígena de la región pampeana, cargo que volvió a ejercer después, durante el gobierno provincial del coronel Dorrego.
En 1827, en el contexto previo al inicio de la guerra civil que estallaría en 1828, Rosas era un dirigente militar, representante de la aristocracia rural, socialmente conservadora. Estaba alineado a la corriente federalista, adversa a la influencia foránea y a las iniciativas de corte liberal preconizadas por la tendencia unitaria.
Murió en el exilio el 14 de marzo de 1877, acompañado por su hija Manuelita. Sus restos fueron repatriados a la Argentina el 1 de octubre de 1989 y reposan actualmente en el panteón familiar del Cementerio de la Recoleta en la Ciudad de Buenos Aires.

jueves, 8 de septiembre de 2011

UN FETICHE....UN SIMBOLO....


Muchas personajes en la historia han logrado convertirse en un símbolo o fetiche religioso para la masa popular. La pregunta es porque gente común, que por ahí resalto en algún campo artístico, se ha convertido en algo tan significativo para la sociedad? Hay muchas respuestas a esto: se han identificado con el personaje, han visto el milagro en ellos, etc.
Según Ruben Dri gracias a la globalización que lleva al modelo neoliberal conservador, trae acarreado una división de las clases sociales, además de penurias económicas. Esto hace que la clase baja sufra una perdida de identidad importante. Sin identidad no hay sujeto y conlleva a que esta clase se vuelva maleable. La falta de identidad vuelca a los sujetos a creer en las mas diversas formas religiosas. Un ejemplo de ello es nuestra Gilda.
Gilda resalto en el ámbito de la cumbia. Comenzo sus trabajos de cantante en a finales de los 80. La argentina surcaba entre temor e incertidumbre dado al poco tiempo de la vuelta de la democracia, en donde aun nos teníamos que acomodar a vivir en ella. Su comienzo no fue fácil, sobre todo para una mujer resaltar en este estilo musical en donde los grupitos de chicos carilindos eran el furor por esos días. Pero con entereza siguió adelante y de a poco pudo hacerse conocida.
Su carisma fue su fuerte, la gente comenzó a amarla y poco a poco le fueron dando dones, de los cuales ella negaba.  Ya en principios de los 90 Gilda ya era reconocida, a pesar de sufrir algunos problemas de salud siguió adelante sin que nadie lo notara.
En 1997 sufrio un accidente automovilístico que le quitaría la vida. Con este hecho nació un mito, un mito que la gente cree que la cantante obra milagros.
La gente deposito su fe y esperanza en la figura de Gilda, puede ser por su solidaridad en ayudar a la gente necesitada, su preocupación por los ancianos y por los niños. Su actuar despertó en la masa popular una empatía que la ubico en el rango de Santa, ya sea por como actuo en vida o por los milagros que le atribuyen después de su muerte.
 La gente elige que creer, eso es lo hermoso de la humanidad, creer. Creer que Gilda hizo milagros o no queda en uno, pero ver como la gente se moviliza para acercarse a sus santuarios creados por fans y creyentes, nos hace tener esperanza en que, mas alla de lo malo que sucede hoy en dia, todavía seguimos creyendo que hay milagros.

GILDA

Myriam Alejandra Bianchi, más conocida como Gilda, nació el 11 de Octubre de 1961 en el barrio de Villa Devoto. Sus padres, de clase media baja, habían querido bautizarla con el nombre de Gilda, en honor a la película protagonizada por Rita Hayworth.
En 1977, a los 17 años, terminó la secundaria y se anotó en la carrera de magisterio para ser maestra jardinera. En 1979, a los 18 años se casó con Raúl Magníni, un pequeño empresario. Un año más tarde (1980) nació su hija Mariela Alejandra. Y en 1981 dio a luz a Fabricio. En esos momentos trabajaba en una escuela católica como maestra jardinera.
En 1987 se encontró con su viejo amigo Carlos“Toti” Jiménez (tecladista de Riki Maravilla en ese entonces), quien sorprendido por su voz le sugirió que tenía que dedicarse al canto profesionalmente. Tanta fue la insistencia que la convenció de grabar un demo. Jiménez le hizo escuchar el demo a un representante quien enseguida llevó a Gilda a un estudio para que grabara su primer disco “de corazón a corazón”.
Por un tiempo Gilda trató de que su labor como maestra fuera compatible con las noches en las bailantas, pero la monja que dirigía el colegio le explicó que no podía hacer las 2 cosas paralelamente y Gilda eligió su carrera musical. El éxito con la música tardó en llegar, los programas de televisión eran reacios a abrirle las puertas y tuvo que conformarse con que el público la conociera a través de sus actuaciones. Los productores decían que su imagen no era la indicada para las demandas del mercado. Tampoco le tocó el momento ideal, debido a que las productoras habían comenzado a promover grupitos de adolescentes, destronando a las mujeres de la bailanta.
Con el tiempo, su carisma le hizo ganar el cariño de la gente. En 1994 lanzó su segundo disco “Gilda, la única”. El 11 de septiembre de ese año fue una de las figuras del festival de la Cumbia Peruana. En 1995 salió el tercer CD “A Dios, que no me suelta la mano”. El 5 de marzo de 1996, recibió el disco de oro por su cuarto material discográfico “Corazón valiente”. El 7 de septiembre de 1996, en el kilómetro 129 de la ruta 12, camino a Chajarí (Entre Ríos) un camión embistió su micro. Allí, la popular maestra bailantera encontró una temprana muerteantes de cumplir los 35 años. Con ella, murieron también su hija Mariela de 16 años y su madre de 50 años, además de otras 4 personas, 14 más quedaron heridas, entre ellas su hijo Fabricio y su pareja Toti.
El velatorio fue sencillo, pero a medida que el cortejo se acercaba al cementerio de la Chacaritase iba haciendo evidente la multitud que se congregaba para despedir a su idola.
Desde el momento en que fue enterrada, el nicho se convirtió en un lugar de peregrinaje, igual que el santuario que se montó en el sitio donde dejó su vida, donde muchos se acercan a pedirle ayuda, ya que creen que la cantante obra milagros...